Otra perspectiva del Paisajismo
Integrar un jardín al paisaje autóctono nunca es tarea sencilla. Este proyecto llevó su tiempo. Hoy se ve completamente integrado, pero el verdadero desafío fue acompañar los ritmos de recuperación del suelo y permitir que las especies pioneras comenzaran a crecer tras el impacto de la obra.
Fue también un desafío personal y una lucha constante contra mi propia ansiedad. El terreno había quedado muy impactado por el pisoteo de las máquinas; la tierra parecía cemento.
Decidí acompañar y aprovechar los procesos naturales a mi favor para que el terreno se recompusiera de forma orgánica:
Especies colonizadoras: Dejamos crecer las plantas espontáneas. Al principio surgieron muchísimos abrojos, pero fueron ellos los que protegieron la tierra, la airearon con sus raíces y permitieron que las semillas y hojas quedaran atrapadas en su estructura.
Rescate de materia orgánica: En obras cercanas donde iban a hacer movimiento de suelo, rescatamos hojarasca que se iba a perder y la trajimos al jardín.
Aliados invernales: Cubrir con hojarasca y ramas secas en el otoño previo a las heladas fue una decisión clave. La humedad, la nieve y el hielo fueron abriendo el suelo, permitiendo que la materia orgánica se integrara, aireara la tierra y le devolviera la vida a un suelo desnudo.
Hoy, después de 5 años, ya no hay indicios de la obra. El paisaje se recuperó y funciona de manera autónoma, sin demandar más energía. Acompañar este proceso fue un gran aprendizaje de paciencia. Y hoy, con el suelo vivo, estamos listos para seguir poniéndole amor a este lindo jardín-bosque.